
Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Wikimedia Commons. Sede de Abaporu; no es reproducción de la pintura.
Canon · São Paulo, Brasil
Abaporu: el cuadro que se comió a Europa
Tarsila do Amaral lo pintó en enero de 1928 como regalo de cumpleaños para su marido. Cuatro meses después era la imagen de un manifiesto y hoy vive en Buenos Aires.
Redacción MADE LATINO·Aug 30, 2026·6 min de lectura
Tarsila do Amaral nació en Capivari, São Paulo, en 1886 y estudió en París en los años veinte, con Albert Gleizes entre otros. No estuvo en la Semana de Arte Moderno de 1922 —estaba en Europa— pero a su regreso fundó con Mário de Andrade, Oswald de Andrade, Menotti del Picchia y Anita Malfatti el Grupo dos Cinco.
En enero de 1928 pintó un óleo de 85,3 × 73 cm: una figura sentada de pies enormes, cabeza minúscula y un cactus al lado. Era un regalo de cumpleaños para Oswald, su marido.
El nombre y el manifiesto
Fueron Oswald y el poeta Raul Bopp quienes lo bautizaron con dos palabras tupí-guaraní: aba, hombre, y poru, que come. El hombre que come. Bopp propuso montar un movimiento alrededor del cuadro.
En mayo de 1928 salió el primer número de la Revista de Antropofagia con el Manifiesto Antropófago de Oswald de Andrade, ilustrado con un dibujo lineal del Abaporu. La tesis: la cultura brasileña no debe imitar ni rechazar a Europa, sino deglutirla críticamente y producir con eso algo propio.
«No se trataba de rechazar la herencia europea, sino de digerirla.» — MADE LATINO
Antes y después
A Negra, de 1923, óleo sobre tela de 100 × 81,3 cm pintado en París, está en el MAC USP: figuró en 77 exposiciones, incluida la Bienal de Venecia de 1964. Operários, de 1933, 150 × 230 cm, es su fase social: un mosaico de rostros obreros de distintas etnias frente a chimeneas fabriles. Está en el acervo de los palacios del gobierno de São Paulo, no en un museo de arte.
Dónde está hoy el Abaporu
En el MALBA de Buenos Aires, donado por Eduardo F. Costantini en 2001, que lo había comprado en Christie's Nueva York en 1995 por una cifra que las fuentes sitúan en torno a 1,4 millones de dólares —el museo no publica el precio—. Es la pieza emblema de la colección permanente.
Un detalle que dice bastante sobre el mercado del arte latinoamericano: el cuadro que fundó la identidad visual brasileña del siglo XX se ve en Argentina.
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