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MADE LATINO
Taller de madera y mobiliario

Visualización editorial de taller.

Ensayo material · Interior de Minas Gerais, Brasil

La madera brasileña después del ícono

De la colección Itiquira a talleres que trabajan memoria, reúso y educación, la madera vuelve a ser un problema de diseño presente, no una cita automática al modernismo.

Redacción MADE LATINO·Aug 24, 2026·8 min

El mobiliario brasileño no necesita olvidar a Tenreiro, Rodrigues o Zanine Caldas. Necesita dejar de usar sus nombres como una plantilla para mirar todo lo que vino después. En la producción actual, la madera es memoria, ingeniería, residuo y trabajo colectivo.

Para el mercado internacional, “mueble brasileño” todavía convoca un repertorio bastante preciso: maderas tropicales, curvas amplias, cuero, ensambles visibles y una modernidad corporal desarrollada a mediados del siglo XX. Joaquim Tenreiro, Sérgio Rodrigues, Jorge Zalszupin y José Zanine Caldas alcanzaron una circulación museística y comercial que hoy vuelve legibles sus piezas en una sala de subastas a miles de kilómetros de Brasil. Los hermanos Campana añadieron después otra imagen exportable: ensamblaje, descarte y exuberancia material.

Ese archivo es una ventaja y una carga. Ofrece genealogía, pero también puede convertir cualquier silla nueva de madera en “heredera de” antes de que sea examinada por sí misma. La producción contemporánea no forma una generación homogénea; reúne autores de edades, ciudades y escalas distintas. Lo que sí permite ver es un desplazamiento: la madera ya no funciona sólo como emblema nacional ni como superficie sensual. Es una decisión sobre procedencia, técnica, memoria y modo de producción.

Itiquira: una memoria hecha estructura

La colección Itiquira de Casa da Abelha nace de las memorias de infancia de Mariana Bueno y del oficio de su padre, que fabricaba bancos y muebles rústicos. El estudio, radicado en Minas Gerais, trabaja con artesanos del interior del estado. En la silla Itiquira, esa historia no aparece grabada ni ilustrada: se vuelve proporción. Las patas y los apoyos cónicos afinan una estructura de jequitibá maciza; el respaldo curvo completa una pieza de 75 centímetros de alto, pensada para interior y producida por encargo.

La silla fue fabricada desde 2023, según BIG SEE, y recibió reconocimientos BIG SEE y ELLE Deco International Design Awards Brasil en 2025. ELLE destacó precisamente sus trazos cónicos y el vínculo con el legado familiar de Bueno. La colección incluye además una poltrona y un banco. En vez de copiar el banco paterno, Itiquira abstrae lo que ese objeto representaba: estabilidad, cercanía y una economía formal nacida del taller.

El dato material importa. “Madera brasileña” es una categoría demasiado amplia para informar una compra; Casa da Abelha identifica jequitibá en la ficha de la silla. También declara producción íntegra en Brasil y fabricación por encargo. Esa precisión —especie, origen de manufactura y plazo— debería ser el mínimo para que la narrativa afectiva no sustituya la trazabilidad.

El gesto rural sin postal

En el mismo EDIDA Brasil 2025, la silla de balanceo Pito, de Januário Bezerra, ganó la categoría de pequeños asientos. Su punto de partida fue la imagen de un hombre rural sentado en un banco bajo mientras prepara tabaco. La referencia podría caer con facilidad en una postal costumbrista. El producto la evita al convertirla en una tipología extraña: un asiento bajo que se balancea y obliga al cuerpo a encontrar otra relación con el piso.

Bezerra, diseñador y artista radicado en Belo Horizonte, trabaja entre mueble, objeto y escultura. Pito permite ver que la memoria rural no pertenece sólo al lenguaje robusto de la madera tallada. Puede traducirse en posición corporal y movimiento. Junto a Itiquira, establece una diferencia crucial: recordar no es reproducir la forma recordada; es descubrir qué comportamiento contenía.

También en los premios de 2025, la mesa Iguais de ,ovo fue reconocida por el tratamiento de la madera que reduce visualmente el peso de una superficie amplia. Luciana Martins y Gerson de Oliveira trabajan juntos desde los años noventa, en el límite entre diseño y arte. No son emergentes, y por eso resultan necesarios en esta conversación: lo contemporáneo no equivale a juventud. Su obra muestra una continuidad de investigación formal que no depende de la nostalgia modernista ni del efecto artesanal.

Del tronco recuperado al proceso colectivo

Zanini de Zanine ofrece otra relación con el legado. Hijo de José Zanine Caldas y antiguo aprendiz de Sérgio Rodrigues, podría quedar atrapado en una nota al pie familiar. Desde 2003, sin embargo, desarrolló una “carpintería contemporánea” con vigas, columnas y postes recuperados de demoliciones. El Banco Triângulo de 2009, realizado en ipê macizo recuperado, ya condensaba esa postura en una geometría elemental. Más tarde amplió su producción industrial con madera de origen controlado y otros materiales.

No toda reutilización garantiza por sí sola una buena práctica ambiental: desmontar, transportar y transformar madera también consume recursos, y la expresión “origen controlado” requiere documentación. Pero el trabajo de Zanini cambió la pregunta. El valor no reside solamente en la especie preciosa, sino en la vida anterior de una sección constructiva y en la capacidad de leer sus dimensiones existentes.

En 2026, Gisela Simas llevó esa discusión hacia la educación. Para la tercera edición de Philia & Kids, estudiantes de cuarto y quinto grado de Petrópolis observaron formas naturales, dibujaron muebles-escultura y trabajaron con Simas y un equipo de artesanos. La madera provenía de árboles caídos reunidos por el centro de residuos verdes COMDEP. Los diseños finales —entre ellos una lámpara, un perchero y una escultura— se exhibieron en el Palácio de Cristal de Petrópolis y después en São Paulo; las ventas se destinaron a sostener el programa.

Aquí la autoría cambia de lugar. Simas no entrega una silueta para que un taller la ejecute: crea condiciones para que niños y artesanos transformen un recurso local descartado. La madera es soporte de aprendizaje, no un certificado de brasileñidad. El resultado puede entrar al circuito coleccionable, pero su primera función es construir capacidad.

Comprar madera exige mejores preguntas

La atención internacional al diseño brasileño ha elevado precios y recuperado archivos, pero también favorece una mirada rápida: reconocer una curva, una especie o un apellido y dar por resuelto el objeto. Los trabajos actuales piden un examen más exigente. ¿Qué madera es? ¿Proviene de bosque certificado, demolición, caída urbana o inventario sin trazabilidad? ¿Quién la mecaniza y quién realiza los acabados? ¿La pieza se produce en serie, por encargo o como edición? ¿Puede repararse?

Itiquira responde algunas de esas preguntas con especie, lugar y método de fabricación. Los proyectos de Zanini y Simas hacen visible una vida anterior del material. Pito y Iguais recuerdan que el uso y la ingeniería visual importan tanto como la procedencia. Ninguno necesita negar el modernismo brasileño. Lo que hacen es retirar la madera del pedestal histórico y devolverla al presente: un recurso finito, un oficio distribuido y una forma que debe justificar cada corte.

Dónde encontrarlo

Selección editorial. La ficha no es una publicidad: cada objeto declara disponibilidad y procedencia.

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