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MADE LATINO
Casa Gilardi de Luis Barragán, Ciudad de México, modernidad doméstica mexicana

Casa Gilardi, Luis Barragán. Wikimedia Commons. Dominio público. Contexto de modernidad mexicana.

Perfil de objeto · Ciudad de México, México

Clara Porset, el butaque y una modernidad propia

La diseñadora cubano-mexicana no convirtió el butaque en una pieza moderna borrando su historia. Lo estudió, modificó y llevó al centro de una discusión política: cómo reunir oficio, industria y vida cotidiana en el México del siglo XX.

Redacción MADE LATINO·Aug 24, 2026·8 min

El Butaque de Clara Porset es una reinterpretación moderna de un asiento bajo y curvo extendido por América Latina. Desarrollado en distintas variantes durante su trabajo en México, convirtió una tipología de larga historia en el centro de una propuesta mayor: diseñar objetos contemporáneos sin separar artesanía, industria y condiciones locales.

El butaque no comenzó con Porset ni pertenece por completo a una sola nación. El Museum of Modern Art rastrea la tipología hasta la Venezuela del siglo XVI y reconoce en ella un cruce entre los duhos, asientos usados por caciques taínos en el Caribe, y las sillas plegables en X introducidas por los colonizadores españoles. Con variaciones regionales, su estructura suele reunir un marco de madera, un perfil inclinado y una superficie de cuero o fibra tejida.

Porset entendió que esa genealogía híbrida no era un defecto que debía purificarse. Era material de proyecto. Cambió dimensiones, proporciones, materiales y relaciones ergonómicas para insertar el asiento en interiores modernos. No lo congeló como pieza folclórica ni lo camufló para que pareciera un producto europeo. Su operación fue más exigente: demostrar que una forma heredada podía participar del presente si se estudiaban sus usos y se reorganizaba su producción.

Una diseñadora entre Cuba y México

Clara Porset nació en Matanzas, Cuba, en 1895. Se formó en Estados Unidos y Europa y desarrolló en La Habana una temprana práctica de diseño e interiores. Su desplazamiento a México no fue únicamente profesional. Tras participar en la huelga general cubana de 1935, salió al exilio; la investigación académica de Randal Sheppard sobre Porset y la política de la modernidad nacionalista mexicana sitúa su llegada a Ciudad de México ese año, mientras la UNAM fecha en 1936 su establecimiento en el país.

La precisión importa porque permite leer su obra sin convertir la migración en una nota biográfica decorativa. Porset llegó a una sociedad posrevolucionaria que discutía activamente cómo representar una identidad nacional, ampliar infraestructura y hacer convivir cultura popular, proyecto estatal e industrialización. Su mirada fue a la vez exterior y comprometida: reconoció en los muebles vernáculos conocimientos que la modernización podía aprovechar, pero también examinó cómo introducirlos en nuevos sistemas de consumo y habitación.

El butaque condensó esa posición transnacional. Tenía antecedentes caribeños, coloniales y continentales; Porset lo estudió desde México y lo vinculó con materiales y oficios del país. Llamarlo simplemente “tradicional mexicano” borra su circulación. Llamarlo sólo “diseño de Clara Porset” borra a los artesanos y tipologías anteriores. La atribución correcta debe sostener ambas capas: una forma histórica colectiva y una intervención moderna con autora identificable.

Modernizar no era reemplazar la mano

Uno de los ejemplares de Porset conservados por el MoMA, fechado hacia 1957, está construido en madera laminada y mimbre tejido. Su perfil bajo invita a una posición de descanso; el respaldo alto prolonga una curva continua desde la base. La fibra no opera como aplicación ornamental. Construye la superficie de apoyo y hace visible el trabajo manual que completa el marco.

Porset no planteaba una oposición simple entre artesanía virtuosa e industria deshumanizada. Buscaba una relación productiva entre diseño, oficio y fabricación mecánica. El Museo Universitario Arte Contemporáneo de la UNAM resumió esa visión como una estructura tripartita: diseño, artesanía e industria debían trabajar juntos para ofrecer objetos accesibles, socialmente pertinentes y estéticamente resueltos.

Ese programa excede la imagen seductora de una silla tejida. Obliga a preguntar quién produce, a qué precio, para qué interiores y bajo qué escala. En 1952, Porset organizó El arte en la vida diaria. Exposición de objetos de buen diseño hechos en México, considerada por el MUAC la primera exposición de diseño del país. Su montaje reunió objetos manuales e industriales y funcionó como argumento: la modernidad mexicana no tenía que elegir entre el taller y la fábrica, sino construir conexiones capaces de elevar la calidad del entorno cotidiano.

La política también se sienta

El diseño social de Porset no puede reducirse a una estética de materiales locales. Su interés estaba puesto en cómo los objetos participan de una sociedad. Un asiento distribuye comodidad, define conductas y revela quién puede acceder a determinadas formas de vida. Por eso la belleza del butaque no agota su significado; importa que una tipología asociada a conocimientos vernáculos fuera tratada como fuente legítima para el diseño moderno.

Al mismo tiempo, existe una tensión entre la ambición de accesibilidad y la circulación real de muchas piezas de autor. El butaque ganó presencia en casas de arquitectos, artistas y élites culturales, mientras los procesos artesanales que lo hicieron posible no siempre alcanzaron la escala social imaginada. Esa distancia no invalida el proyecto, pero impide narrarlo como solución ya conseguida. La política de un objeto también está en el espacio entre su programa y su mercado.

Porset sostuvo esa discusión por escrito. El Museo Jumex, al presentar Clara Porset: diseño y pensamiento, destacó que publicó de manera constante entre 1930 y 1970 sobre la esencia, alcance y dificultades del diseño. Considerar esos textos junto con sus planos y muebles evita convertirla en autora de una sola silla. Fue diseñadora, curadora, docente y crítica de una disciplina que todavía consolidaba su lugar institucional.

Un archivo que cambia la lectura del objeto

La Facultad de Arquitectura de la UNAM conserva el Archivo D. I. Clara Porset Dumas. Según la descripción institucional, reúne 1.929 planos, documentos, notas, recortes, cartas y fotografías. La cifra no importa sólo por volumen. Esos materiales permiten distinguir variantes, encargos, interlocutores y procesos que una fotografía de catálogo deja fuera.

El archivo también corrige una tendencia común del mercado: fijar el “Butaque de Porset” como una forma estable y definitiva. Porset produjo investigaciones y versiones, no un logotipo tridimensional. La comparación entre dibujos, materiales y contextos devuelve al asiento su condición experimental. Cada ajuste de ángulo o tejido era una decisión sobre clima, cuerpo, fabricación y modo de vida.

Hoy el butaque circula en colecciones de museos, reediciones y nuevas interpretaciones. Esa presencia exige claridad. Una pieza contemporánea inspirada en la tipología histórica no es automáticamente un diseño de Porset; una reproducción debe identificar el modelo de referencia, el productor y su autorización. El reconocimiento cultural no justifica borrar procedencias.

La modernidad propia que Porset propuso no consistía en aislar a México del intercambio internacional. Su vida desmiente cualquier lectura cerrada: Cuba, Nueva York, París, Carolina del Norte y Ciudad de México formaron su educación y su práctica. Lo propio aparecía en la capacidad de responder a condiciones concretas, reconocer saberes existentes y decidir cómo producir. El butaque sigue siendo relevante porque no resuelve esa conversación de una vez. La mantiene abierta, a la altura del cuerpo.

Dónde encontrarlo

Selección editorial. La ficha no es una publicidad: cada objeto declara disponibilidad y procedencia.

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